Sentir para crecer: Educación emocional consciente
Hemos aprendido que hay emociones "buenas" y "malas"... pero ¿qué pasa cuando dejamos de reprimirlas y nos fijamos en la información que aportan?
Las emociones, por muy incómodas que nos puedan resultar a veces, no son ni positivas ni negativas: son información. Nos hablan constantemente de lo que nos pasa y de cómo nos relacionamos con el mundo. El miedo, por ejemplo, puede bloquearnos e impedirnos hacer cosas que queremos, pero también nos protege del peligro. Incluso cuando aparece en situaciones que no representan un riesgo real, nos está dando una pista importante: en algún momento, alguna experiencia similar nos causó un daño físico o emocional que dejó huella.
Escuchar las emociones, en lugar de negarlas o evitarlas, es el primer paso para comprendernos mejor. Y acompañar a los niños en esta escucha es primordial, ya que no nacemos sabiendo identificar ni regular lo que sentimos y el cerebro en desarrollo tiene una capacidad limitada para gestionar emociones como la frustración o la rabia. En este contexto, las conocidas “rabietas” no son una mala conducta ni una forma de manipulación, sino una expresión de un desbordamiento emocional que no pueden gestionar de otra manera. Detrás de estas reacciones hay necesidades o deseos no satisfechos, y el papel del adulto no es eliminarlas, sino acompañarlas con calma, poner límites claros y ayudar a poner palabras a lo que está sucediendo.
Para poder regular una emoción, sin embargo, primero hay que reconocerla. Y eso no siempre es fácil. En niños pequeños, y también en personas con alexitimia —una dificultad para identificar y expresar las emociones—, este proceso puede ser especialmente complejo. Es una realidad bastante presente en algunos perfiles neurodivergentes, donde el mundo emocional puede resultar más difuso o difícil de verbalizar. Por eso, disponer de herramientas visuales y concretas que ayuden a conectar lo que se siente con el cuerpo y ponerle nombre es clave para avanzar hacia una mayor conciencia emocional.
En este camino, también es importante diferenciar situaciones que, desde fuera, pueden parecer similares pero que tienen orígenes muy diferentes. No es lo mismo una rabieta que un colapso sensorial. En este último caso, no estamos ante una reacción emocional en sí misma, sino ante una respuesta fisiológica del sistema nervioso ante una sobrecarga de estímulos. Cuando el cerebro recibe más información de la que puede procesar —ruido, luz, contacto, cansancio o estrés—, activa mecanismos de defensa a través del sistema nervioso central y estructuras como la amígdala, entrando en modo de alerta o supervivencia. En este estado, la persona no puede razonar ni controlar su conducta de manera voluntaria: el cuerpo reacciona con llanto, gritos, huida o bloqueo. Entender esta diferencia es esencial para poder ofrecer el acompañamiento adecuado.
Cuando el cuerpo entra en este estado de alerta, necesita volver a sentirse seguro. Aquí es donde la respiración se convierte en una herramienta fundamental. Respirar de forma lenta y consciente ayuda a regular el sistema nervioso y a reducir la activación, facilitando el retorno a la calma. Junto con otras estrategias como el movimiento, los espacios tranquilos o los objetos reguladores, la respiración puede ayudar a romper estos estados de hiperactivación que a menudo se traducen en conductas poco adaptativas.
Otro aspecto clave en la gestión emocional es el diálogo interno. La forma en que nos hablamos influye directamente en cómo nos sentimos y en cómo afrontamos las dificultades. Las afirmaciones positivas son una herramienta sencilla pero poderosa para construir una relación más amable con uno mismo y reforzar la autoestima, que es una base esencial para una regulación emocional sana.
Con esta mirada nacen las cartas “Sentir per créixer: educació emocional conscient”, un material pensado para familias, docentes y también para acompañar a niños y personas neurodivergentes. A través de cartas de emociones, estrategias de regulación y afirmaciones positivas, ofrecen recursos prácticos para ayudar a identificar, comprender y gestionar lo que sentimos de una manera más consciente. Porque aprender a sentir no es solo un reto, es una oportunidad: la de entendernos mejor, cuidarnos y construir relaciones más sanas con nosotros mismos y con los demás.
¿Dónde las puedes encontrar? En la tienda de Etsy Racó de la Calma
