Trastorno del Procesamiento Sensorial

"Nada entra en la inteligencia que no haya pasado antes por los sentidos."
Aristóteles

¿Qué es?

La integración sensorial es la forma en que nuestro cerebro organiza e interpreta la información que recibe a través de los sentidos (vista, oído, tacto, gusto, olfato, movimiento y percepción corporal). Esta capacidad nos permite entender el entorno y reaccionar ante él de una manera adecuada (Malo et al., 2024).


Cuando hay dificultades en este proceso, hablamos de Trastornos del Procesamiento Sensorial (TPS). Esto significa que el cerebro tiene problemas para gestionar los estímulos que recibe, lo que puede hacer que una persona reaccione de manera exagerada o insuficiente a determinados sonidos, texturas, olores, etc. Estas dificultades son muy comunes entre personas neurodivergentes, especialmente dentro del espectro autista. Es habitual encontrar niños que reaccionan con mucha intensidad (hipersensibles) o con poca (hiposensibles), o que muestran una combinación de ambas según la situación (Del Toro et al., 2023).


¿Cómo se evalúa?

Para saber si la persona en cuestión tiene un Trastorno del Procesamiento Sensorial y qué áreas se ven afectadas (y de qué manera), se puede realizar un Perfil Sensorial. Éste consiste en una serie de entrevistas y cuestionarios que permiten conocer de qué manera se procesa la información sensorial. Lo realiza un/a terapeuta ocupacional especializada en el tema.  

 

Esta herramienta permite al terapeuta observar y analizar sus respuestas ante diferentes situaciones. Este perfil identifica, por ejemplo, si una persona busca activamente estímulos para calmarse (como moverse, tocar texturas agradables, hacer ruidos…), o si más bien intenta evitarlos (como taparse los oídos o apartarse de las multitudes). Estas respuestas tienen que ver con la sensibilidad de su cerebro a los estímulos y con su estilo de autorregulación. Entender esto es muy útil, ya que muchas conductas típicas del autismo, como las estereotipias o los movimientos repetitivos, a menudo son maneras de autorregularse ante estímulos que pueden resultar abrumadores.

Terapia para lograr una mejor integración sensorial

La terapia de integración sensorial Es una intervención utilizada principalmente por terapeutas ocupacionales especializados para ayudar a niños y adultos que presentan dificultades para procesar los estímulos sensoriales. Esta terapia se basa en proporcionar experiencias sensoriales estructuradas y significativas en un entorno seguro y controlado, con el objetivo de mejorar la forma en que el cerebro procesa y responde a los estímulos.


El enfoque se basa en el trabajo de Jean Ayres, terapeuta ocupacional y neurocientífica que, en los años sesenta, desarrolló esta teoría. Según Ayres, una integración sensorial eficiente es esencial para el desarrollo de competencias motoras, sociales, emocionales y cognitivas. Cuando hay una desorganización en este sistema, puede afectar el aprendizaje, la conducta o las habilidades sociales.


¿Cómo funciona la terapia?

Se desarrolla a través del juego y la exploración activa, utilizando materiales como columpios, pelotas gigantes, superficies con texturas, luces, sonidos, o actividades de equilibrio y coordinación. El objetivo es estimular los sistemas sensoriales (táctil, vestibular, propioceptivo, visual, auditivo...) de manera gradual para que la persona aprenda a regular mejor sus respuestas y mejore su bienestar general.

Esta terapia no sigue un programa rígido, sino que se adapta a las necesidades de cada individuo, partiendo de sus intereses y motivaciones. Es fundamental el vínculo terapéutico y el entorno seguro para favorecer el aprendizaje y la autorregulación.


Diversos estudios han mostrado mejoras en la conducta, la atención, la organización motora y la participación en actividades cotidianas después de un tratamiento continuado en terapia de integración sensorial, especialmente en niños con autismo, TDAH o dificultades del desarrollo. Con el tiempo, muchos niños logran mejorar la regulación emocional, la
concentración, la autonomía y la participación en actividades escolares, familiares y sociales: 


  • Tolerar mejor los estímulos (sonidos fuertes, olores, texturas…).

  • Regular better sus emociones.

  • Estar más atentos en clase.

  • Disfrutar más de las actividades cotidianas (como vestirse, comer o jugar con otros niños).

Acompañar en el aula (y en casa) a niños y niñas con un TDP

Lo más importante es conocer los retos y las fortalezas de cada persona, para poder ofrecer los recursos necesarios sin minimizar los esfuerzos que hace y las dificultades que puede presentar, ya que eso genera mucha frustración y ansiedad. Algunas de las actividades que se pueden realizar en la escuela y/o en casa son las siguientes: 

 

  • Para bebés que Busquen estímulos.: saltar, balancearse, jugar con texturas, masajes, plastilina, pelotas antiestrés o agua. También es útil el uso de gomas elásticas entre las patas de la silla de la clase para que pueda estirarla con los pies. Todo esto le permite cierta movilidad y, por tanto, generar bienestar, aumentar la concentración y disminuir el estrés sin distorsionar la clase. 

 

  • Para bebés hipersensiblecrear espacios tranquilos, potenciar el uso de luz natural en detrimento de las luces artificiales (especialmente la luz fría de fluorescentes y similares), reducir ruidos fuertes, mantener un nivel de ruido lo más bajo posible en clase, permitir el uso de cascos y canceladores de sonido cuando no sea posible, favorecer el uso de ropa cómoda, etc. 

 

  • Para bebés que se’estresen fàcilment: envolverse con una manta, escuchar música suave o hacer respiraciones profundas, permitirles salir del aula. Por ejemplo ir al baño a lavarse la cara o las manos, ir a beber agua, salir 5 minutos al patio (o a un espacio tranquilo como la biblioteca) a respirar…
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